El consumo mundial de energía ha incrementado durante los últimos años en un 45% y se proyecta un aumento de 70% más para el 2030. Actualmente, México se encuentra en la posición 17 en la tabla de los países con mayor consumo de energía; contando con 183.300.000 kwh de consumo de electricidad al año, lo que significa 195 kwh per cápita. Según el número 1051 de la revista Expansión, México es uno de los países más vulnerables por el fenómeno el cambio climático: 15% de su territorio, 68% de su población y el 71% de su economía están expuestos a consecuencias adversas relacionadas con el clima. El gobierno tiene que invertir del 0.7 al 2,21% de su PIB anual en bajar 50% sus emisiones y no perder 6,2% del PIB por impactos medio ambientales. Esto representa un costo de 630,000 MDP por año. Se estima que en nuestro país se tiene un potencial de ahorro de energía superior al 20%, es decir, 100 mil millones de pesos al año. El gran reto al que hoy nos enfrentamos es a aprender a adaptar y controlar el consumo de energía, los costos y los contaminantes en nuestras casas y oficinas.

Si le dijeran que podría ahorrar hasta un 50% de su factura de electricidad tomando las medidas adecuadas, ¿lo creería? En Grupo AXERTA nos hemos puesto a analizar en el enorme valor que tiene la energía eléctrica, su impacto y el costo que ésta representa. El mal uso que se suele hacer de ella puede afectar diversos aspectos, que comúnmente se ven reflejados en el pago elevado del servicio.

Cada kwh le cuesta al consumidor $ 2.067 en la tarifa 02 de CFE, que normalmente es la que utilizamos la mayoría de los usuarios. CFE vende el kwh por escalones y maneja 3 para esta tarifa:

  • Primer escalón de 100 kwh; costo de $2.067
  • Segundo escalón de 100 kWh; costo de $2.499
  • Tercer escalón o excedente; costo $2.748

Así pues, cambiar de hábitos o sustituir los aparatos por otros menos despilfarradores nos ayuda a ahorrar dinero, ya que podemos mantenernos en el escalón más bajo de la tarifa.

Todas las ventajas en este tipo de programas se traducen por sí mismas en una mejor calidad de vida, más aún cuando se trata de mejorar la eficiencia energética. Por un lado, aportamos para frenar la problemática de despilfarro energético; por el otro, generamos conciencia y menores costos para la empresa. Todas estas medidas, aunque en principio la inversión resulta más costosa, a largo plazo se reflejan el ahorro generado por la empresa.