Desde finales de los años sesenta, el mundo ha estado imerso en una constante evolución tecnológica, especialmente tratándose de telecomunicaciones y tecnologías de la información. Como resultado de esta cadena de eventualidades, las comunidades, los negocios, los politícos, los consumidores, las minorías o practicamente cualquier grupo o individuo, por más apartado que se encuentre de la globalización, ha tenido un importante impacto en la manera de vivir, de comunicarse e incluso de contratar. El desarrollo de leyes que permitan regular estas actividades cada vez más comunes, que esclarezcan las obligaciones y los derechos de las partes imersas e incluso que determinen los requisitos de validez necesarios, es primordial para el desenvolvimento y la seguridad de los negocios y en general de gran parte de los actos jurídicos del tipo. Por lo anterior, han nacido nuevos significados en estos campos dentro de nuestro derecho vigente, y hemos sido víctimas de un fascinante incremento de “actos entre ausentes”.

A finales de los 60’s, en Estados Unidos comenzó el denominado “intercambio electrónico de información” con inciativas de los sectores de ferrocarril, fábricas de automóviles, comercializadoras y mercados, con la finalidad de mejorar la calidad de la información y poder disminuir costos de producción y de administración en las grandes organizaciones públicas y privadas. Años más tarde, el sector financiero empezó a interesarse por este novedoso y seguro método de intercambio de datos, lo que llevó a que en los años 70’s se desarrollaran las primeras transferencias electrónicas de fondos. Estos dos avances fueron realmente interesantes, ya que vinculaban jurídicamente —mediante el uso de medios electrónicos— la celebración de un gran porcentaje de transacciones comerciales, finacieras y de contratos jurídicos en general.

Desde luego, los avances fueron más veloces con el paso de tiempo: la década de los 80’s fue testigo del incremento en el número de computadoras en negocios y hogares; los 90’s de la apertura del internet al público en general y la expansión en su número de usuarios; los 2000’s de un crecimiento acelerado en el número de empresas dedicadas al comercio electrónico —que incluso generó la famosísima “dot-com bubble”— y la inclusión de los smartphones; y desde el inicio de esta década, el fenómeno de las redes sociales. Los cambios anteriores han logrado que el mundo esté realmente comunicado y entrelazado en una red electrónica de actos, contratos, acuerdos jurídicos que incrementan las maneras y las posibilidades de hacer negocios y de vivir. En las decadas de los 80’s y 90’s era imposible pensar que miles de niños mexicanos estuvieran, sin enterarse, realizando acuerdos jurídicos vinculatorios con empresas fundadas en Cambridge, como lo es Facebook.

Estos cambios y avances han dado lugar a nuevos sistemas de hacer negocios y de contratar de una manera más eficiente, mismos que presentan el reto de adoptar y esclarecer reglas que permitan la vida de este nuevo comercio; por lo que la importancia de conocer qué se puede hacer y qué no, es realmente indispensable para poder aprovechar el desarrollo tecnológico…

México, a partir de estos fenómenos de facto, ha realizado reformas en diferentes leyes para poder estar a la vanguardia de estos avances. Parte de esas reformas se han realizado con base a la Ley Modelo de la CNUDMI (UNCITRAL) sobre Comercio Electrónico; otros cambios reglamentarios han sido fuera de la esfera comercial. Esta ley (Ley Modelo de la CNUDMI ), como era de esperarse, se realizó con la finalidad de que fuera utilizable durante un lapso amplio de tiempo —a pesar del rápido avance tecnológico. Asimismo busca no discriminar alguna tecnología y que fuera de aplicación meramente comercial. Una de los principales retos que esta ley enfrentó fue darle a un documento electrónico la validez equivalente a la de un documento con soporte físico, es decir, de papel.

Para que México incluyera estos lineamientos y que entonces fuera factible, permisible y seguro el comercio electrónico —así como cualquier acto vinculatorio en esa presentación—, el Congreso de la Unión realizó algunas reformas en el año 2003 a diferentes leyes, comenzando por el Código Civil Federal. Estas reformas permiten el Consentimiento por medios electrónicos o cualquier tecnología óptica y la aceptación de la oferta por medio del teléfono; además, accedió a que no fuese necesario estipular previamente entre las partes que estaban de acuerdo en aceptar, convenir o consentir un acto por medios electrónicos y consigue efectos más interesantes, lo que representa un avance de gran importancia.

Por otro lado, también se realizaron reformas a la ley adjetiva: en el Codigo Federal de Procedimientos Civiles se reconció como prueba la información generada o comunicada electrónicamente, estimando su fuerza probatoria en relación al método en que fue generada y a la factibilidad de atribuir dicho documento a las personas obligadas. Estos avances en materia civil, entre otros, permiten a que se pueda contratar y obligarse con alguien sin necesidad de estar frente a la persona, un progreso fundamental en nuestro derecho.

Los avances no terminan en materia civil, ya que por parte de iniciativas del poder ejecutivo y a través de la Secretaría de Economía, existió la creación de SIGER (Sistema de Gestión Registral). Aquí se registran los actos de comercio, las sociedades mercantiles, los poderes y personalidades; todo esto para poder consultarlo en tiempo real, teniendo una mucho mayor idea de quienes practican el comercio, especificamente comercio electrónico.

Finalmente el Nuevo Código de Comercio, que data de 1889, ha sido reformado con el ánimo de incluir las disposiciones de la Ley Modelo y permitir que se realicen actos entre sujetos que no se encuentren presentes en un mismo lugar físico. Éste determina las reglas que refieren a los tiempos para aceptar alguna oferta, o bien, los medios en que se pueden llevar comunicaciones y negociaciones (ei. Correo electrónico). El código ahora incluye un capítulo denominado “Del Comercio Electrónico” e incluso, algunas de las materias que tienen regulación especial, como la de Mercado de Valores, han tenido a bien el permitir abiertamente al usuario contratar con Casas de Bolsa y dar instrucciones de forma electrónica. Igualmente, ha permitido mediante el contrato de intermediación bursátil tener un manejo discrecional en la cuenta o que simplemente se requiera del uso de cualquier medio de comunicación —inclusive bbm’s o sms’s— para ordenar transacciones de importantes sumas de dinero en los mercados bursátiles.

No obstante a lo anterior, también hemos realizado cambios en materia de derechos de protección al consumidor, en materia de derecho fiscal —en la forma de presentar declaraciones—, en materia de firmas electrónicas y sus requisitos de validez; así como en varias NOMs que regulan las formas permitidas de contratar por medios electrónicos para servicios o industrias particulares. Es interesante señalar el tema de los certificados digitales y las firmas electrónicas, debido a que a corto plazo será un servicio más demandado que podrán realizar los Corredores, Notarios Públicos y las Agencias Certificadoras; creando una actividad e ingreso adicional para dichas profesiones.

Estos avances son señal de la necesidad de mantener un marco legal actualizado para poder mantener la competitividad de nuestro país al nivel de otras naciones más avanzadas en esta materia, como lo puede ser EE.UU. Preveer legalmente la manifestación de voluntadad de elementos esenciales para contratar y hacer posible que un “click” afecte el patrimonio de un individuo o empresa, es un avance y una herramienta interesante para los negocios pequeños, medianos y grandes de México. El derecho mexicano y los contratos por internet cuentan cada vez más con las herramientas legales para vivir verdadera y practicamente el más vital de los principios de validez de los contratos para nuestro derecho: el principio de “PACTA SUNT SERVANDA” —la máxima ley en los contratos es la voluntad de las partes—, mismo que actualmente puede manifestarse sin necesidad de conocer a la otra parte.